Hay una diferencia entre querer hacerlo y soñar con hacerlo
Yo estoy muy desilusionado de la vida corporativa. Y sé que no soy el único.
Seguro tú también. O al menos conoces a alguien que piensa igual.
Trabajar en una empresa muchas veces se resume en lo mismo: levantarte temprano, perder horas en el tráfico, lidiar con jefes que no tienen idea de cómo guardar algo en la nube y pedir permiso para cosas básicas como ir al doctor o tomar vacaciones.
Pero más allá de eso, hay algo que pesa más: vives con la sensación de que tu tiempo no es tuyo.
Por eso la creación de contenido se siente como una salida atractiva.
Y suena lógico.
Internet eliminó muchas barreras. Hoy puedes grabar videos, escribir, abrir un newsletter, vender un ebook, lanzar un curso, dar seminarios online o armar una comunidad sin pedirle permiso a nadie. Hace unos años eran los Facebook Lives, hoy son los reels, los hilos, los podcasts o Substack.
Las opciones están ahí.
Y si te metes a redes, parece que todo el mundo está en algo.
Tengo amigos, conocidos y contactos que quieren ser creadores… pero la realidad es distinta. Uno abrió un newsletter pero lleva tres envíos. Otro anunció un curso que nunca salió. Alguien más publicó en LinkedIn cada dos semanas durante dos meses y hasta ahí llegó.
Y luego están los clásicos posteos en redes: “se vienen cositas”. Pero esas cositas casi nunca llegan.
Porque una cosa es decir que quieres crear y otra muy distinta es hacerlo de verdad. Ahí es donde se rompe la ilusión.
En muchas plataformas, menos de un tercio de los usuarios publica contenido activamente. La mayoría no publica, no comenta, no crea. Solo observa.
Entonces no todos están creando. Más bien están pensando en hacerlo.

Imagen: Mircea Iancu en Pixabay
Y hay una gran diferencia. Porque crear contenido no es abrir una cuenta o anunciar un proyecto. Es sentarte a hacerlo cuando no tienes ganas, cuando nadie te lee, cuando no hay resultados. Y eso casi nadie lo sostiene, porque es difícil y las recompensas en forma de likes, shares, views y comunidad tardan en llegar.
La mayoría de los creadores no vive de su contenido. Y en el caso de la escritura, el reto es aún mayor: cada vez leemos menos porque somos fans del video y si es corto, mejor.
Yo no sé si voy a vivir de Substack. Pero sí sé que escribir es una forma de construir algo propio. Algo que no depende completamente de alguien más ni requiere permiso. Lo hago cuando quiero y cuando puedo.
Y eso ya cambia mucho.
Porque muchos no creamos contenido por obligación. Lo hacemos porque queremos algo distinto a lo que nos prometieron y resultó ser una falsedad: una vida estable y segura si trabajas para alguien más durante 10 horas al día.
Quiero más control sobre mi tiempo.
Quiero no depender de un jefe que puede estar de malas o es sobrino del dueño y no sabe lo que hace.
Quiero no sentir que necesito permiso para tener una vida fuera de la oficina.
Y eso es válido.
Pero si partes desde la fantasía, es fácil frustrarte. Crear contenido no es automáticamente libertad. También implica constancia, incertidumbre y mucho tiempo sin resultados claros.
No tienes que dejar tu trabajo mañana ni volverte creador a tiempo completo. Puedes seguir en un empleo que pague tus cuentas y al mismo tiempo construir algo propio. Yo, siendo muy sincero, no descarto regresar a una oficina si el dinero es muy bueno o si el proyecto realmente vale la pena.
Al final no es una cosa o la otra.
Lo que sí puedes hacer es empezar a construir algo propio, poco a poco, un follower o suscriptor a la vez.
No como escape inmediato, sino para que, cuando realmente quieras cambiar tu vida o te corran del trabajo, no tengas que empezar desde cero.
Si esto se parece a donde estás parado ahora mismo, es exactamente el tipo de trabajo que hago con profesionistas en transición: sacar la trayectoria del lenguaje corporativo y ponerla en términos que se sostengan solos, sin el cargo detrás. Ver cómo trabajo →
Artículo publicado originalmente en Unfollow al Mundo